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jueves, 28 de julio de 2011

Ninguno de los dos.

He llorado tanto, que ya no recuerdo la última vez que fui feliz. Que sonreí, o que viví...
Nada es culpa tuya. Puede que mía tampoco.
Tan solo sé, que el único confuso eres tú.
No sé cómo sobreviví. Tal vez resistí por mí.
Porque si de mí hubiese dependido la decisión, aquí no estaríamos ninguno de los dos.
Así es, mi querido príncipe. Ninguno de los dos.
Por eso, tu confusión nos perdió en el olvido.
El olvido. Él nos venció. Porque la suerte estaba echada.
Y no fue él quien perdió.
Por eso, la próxima batalla hemos de vencer.
Para poder crecer. Crecer el optimismo de pensar que aún hay algo más.
Aparte de esa fría crueldad.
Pero, tan solo sé que el único confuso eres tú.
Así es, mi querido príncipe: el único confuso eres tú.
Confundido por mí... Confundido por ti.
Mi vida es un abismo sin fin.
Si sigues jugando así, algún día me podría ir...
Por eso, hoy lucho por ti. Mañana, puede que lo haga por mí.
Pero hoy, solo por ti.

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