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viernes, 19 de agosto de 2011

Lejos. Muy lejos.

¿Por qué? -decía.
Una cuchilla en la mano.
De eso se bastaba. Con eso, pensabaque nada le faltaba.
Pero le faltaba algo: le faltabas tú.
Ya es demasiado tarde. Cuando tú quisiste darte cuenta de lo que la amabas, para entonces ya había tomado su decisión:
marcharse.
Lejos. Muy lejos. Donde el dolor no la encontrase.
Quizá en el cielo. O quizá en el infierno.
Quién sabe. Ella estaba confusa.
Sabía que quería tenerte, pero no podía.
No quería hacerte más daño...
Y se marchó.
Lejos. Muy lejos.
Quizá en el cielo. O quizá en el infierno, pero...
Donde no pudiera causar más daño ni dolor:
Lejos. Muy lejos.

By: A.M.

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